
A veces escuchamos para aprender. A veces solo escuchamos para responder. A veces escuchamos a trozos, a veces solo oímos y no escuchamos. ¿Qué tal si la escucha activa la iniciamos con nosotros mismos? ¿Qué tal si escuchamos sin emitir juicios? ¿Qué tal si escuchamos desde la empatía? ¿Qué tal si escuchamos para entendernos y así poder entender al otro? ¿Qué tal si NOS escuchamos?
La práctica de escuchar comienza con nosotros mismos. Todas las mañanas cuando te despiertas, cuando te lavas la cara, ¿qué piensas cuando te miras al espejo?, ¿no piensas nada? Seguramente sí, mas no te escuchas. Cuando estás en la ducha, ¿qué te dices?, ¿no escuchas nada? Sí, oyes el sonido del agua al caer o tu voz al cantar; pero, ¿qué escuchas? Si no escuchas nada, probablemente es porque solo oyes y no te escuchas. Si crees que el grado de concentración suficiente para escucharte solo se alcanza sentado en posición de flor de loto, entonces no te escuchas. Y, ¿crees que si no somos capaces de escucharnos a nosotros mismos, seremos capaces de escuchar a los demás? Es poco probable.
En la música, son tan importantes los tiempos como las notas, pero mucho más importantes aún son los silencios. En eso se basa la sinfonía, la armonía. En los silencios, se concentra la sabiduría de la vida, porque es ahí donde eres capaz de escucharte, es ahí donde eres capaz de escuchar al otro, es ahí donde eres capaz de escuchar tu corazón, es ahí donde eres capaz de escuchar desde el amor.
Muchos de nosotros pensamos que somos muy buenos dando consejos pero no tomándolos, ¿por qué? Porque no nos escuchamos. Practiquemos la escucha activa, practiquemos la empatía, practiquemos la compasión. Comencemos con nosotros mismos. Solo somos capaces de dar aquello que llena nuestro corazón. Pero, ¿cómo sabemos de qué estamos llenando nuestro corazón? Volvemos al inicio, escucha los silencios.
Escucha tus notas, escucha tus tiempos pero por sobre todas las cosas, escucha tus silencios.
“El silencio es el elemento en el que se forman todas las cosas grandes”
Thomas Carlyle