Ad Intra · Celia Coe

Cambios

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Un camino separa un terreno seco con un árbol sin hojas de un campo verde con flores.

¿Recuerdas cuál fue tu primera cuna de bebé? Lo más probable es que no lo recuerdes porque estabas muy pequeño. ¿Te imaginas que aún pudieras dormir en esa pequeña camita?, ¿de qué tamaño serías hoy día? Lo más seguro es que fueras un poco más pequeño que la cuna para poder entrar en ella. Pero, ¿por qué ya no cabes en esa cuna tan tibia, suave y cómoda? Porque creciste, porque cambiaste.

Eso mismo nos ocurre a diario. Todos los días vivimos nuevas experiencias, que llevan consigo cambios, unos pasan desapercibidos, y otros son más evidentes. Cambios que nos ayudan a aprender, cambios que nos hacen crecer. La resistencia al cambio solo nos trae dolor y sufrimiento. ¿Te imaginas que te hubiesen dejado en esa cuna para siempre?, ¿de qué tamaño serían tus piernas?, ¿de qué tamaño serían tus brazos?, ¿te imaginas todo el dolor que habrías sufrido cuando todo tu cuerpo intentara crecer y las barandillas de esa pequeña cama hubiesen limitado tu crecimiento? Los cambios ocurren, y vienen ocurriendo desde el minuto cero de nuestra gestación.


Eso es lo que haces contigo mismo cuando te resistes al cambio. Cuando te resistes a los cambios que a diario ocurren en nuestras vidas, eso incluye una ruptura de pareja, un despido en el trabajo, una mudanza no prevista, la pérdida de un familiar, el robo de un bien, etc.; estás limitando las oportunidades de crecimiento intrínsecas que vienen con esos cambios. Pero, ¿por qué no notamos los cambios en nuestros primeros años de vida? Porque no ofrecimos resistencia. Los cambios solo ocurrían e íbamos al mismo ritmo de ellos. Gracias a esos cambios, somos lo que somos hoy día. Pero, ¿ahora que somos conscientes los vamos a impedir por miedo a que las cosas cambien? Absurdo.


Mira a tu alrededor, mira los pequeños detalles, vuelve a mirar a tu alrededor, lo que viste ayer no es lo mismo que estás mirando hoy, las hojas de los árboles no son las mismas, las nubes del cielo no son las mismas, el aire que respiras no es el mismo, tú no eres el mismo; nadie se baña en el mismo río dos veces. Permítete cambiar, permítete vivir los cambios, abrázalos, asúmelos y adáptate; es una de las mejores maneras de dejarte crecer. El cerebro humano tiene capacidad para adaptarse y superar cualquier adversidad y sobreviven los que mejor se adaptan.


En la cuna, con tan corta edad, no habría sido tu responsabilidad si te coartaban el crecimiento, ahora sí es tu responsabilidad. Mira al cambio con buenos ojos, abrázalo, busca las oportunidades que trae consigo, tu crecimiento es solo tu responsabilidad y de nadie más. No seas de ese pequeño grupo que prefiere “malo conocido que bueno por conocer” ese grupo tiene miedo al cambio y por ende se aferra a su zona de confort. Sal de tu zona de confort, estira las piernas, estira los brazos y rompe las barandillas de esa cuna imaginaria que te quieren limitar.

La vida es una serie de cambios naturales y espontáneos. No los resistas, eso solo crea dolor. Deja que la realidad sea la realidad, deja que las cosas fluyan naturalmente hacia adelante en la forma que les gusta.
Lao Tzu