Ad Intra · Celia Coe

Vivir conmigo

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Un hombre con los ojos cerrados sostiene un limón entre los dientes.

Te escucho aun sin abrir los ojos, - déjame dormir - te digo. No me haces caso. Comienzas a contarme cosas que aún no entiendo de lo adormecido que me encuentro; sin contar que eres el causante del insomnio que no me deja dormir porque no paras de hablar y yo no paro de escucharte.

Sigues hablando, comienzo a entender, pero aún sin comprender cómo puedes tener tanta energía si solo has abierto los ojos. Mi cerebro aún no sabe lo que escucha o no quiere entender lo que está sucediendo.

De tanto insistir logras que me levante, pero ¿a hacer qué? No lo sé porque seguimos en cuarentena. Igualmente ya sin sueño voy a lavarme la cara, me persigues, no paras de hablar, comienzo a entender que te preocupa estar encerrado y perder contacto con el mundo siendo un ser tan sociable, pero ¿qué quieres que yo haga? Estamos en las mismas condiciones y en cambio yo no te atormento mientras tú a mí sí.

Trato de calmarte, te digo que respiremos juntos. Te calmas por un par de segundos. El discurso fatalista vuelve. Temes contagiarte aun y cuando ninguno de los dos ha dejado la casa porque la alacena está bien abastecida.

Voy a por un café, me sigues, los segundos que respiramos para calmarnos se perdieron en el tiempo. Preparo un café, lo bebes. La cafeína en tu torrente sanguíneo te da un “boost” de energía. Ahora bien despierto no sabes qué hacer, sientes que te aburres, no tienes lo suficiente para distraerte. Te ofrezco un libro, no lo quieres, te digo que aprendamos a dibujar con un tutorial de internet, me dices que estás muy viejo para dibujar. Te digo que descarguemos una aplicación para aprender mandarín, (solo para mantenerte entretenido un rato) y no quieres. La ansiedad del encierro tiene un surco entre el sofá y la nevera. Te miras al espejo y no te gusta lo que ves. Quieres hacer ejercicios para mitigar la culpa. Te acompaño, diez minutos después ya te aburriste y no sabes qué hacer; y eso es solo el comienzo del día.

Pensaba que era difícil vivir contigo hasta que tuve que vivir conmigo.

“Si no puedes convivir contigo mismo, entonces nunca podrás convivir con otras personas”.

Joel Osteen