
Nacimos conectados a un cordón de luz que nos mantiene con vida, nacimos conectados a un hilo que nos mantiene unidos a nuestros familiares, nacimos conectados a aquello que nos gusta hacer o siempre hemos soñado hacer. En definitiva, nacimos conectados.
El poder de la conexión es infinito, no basta escaparte, irte de la ciudad o mudarte del país, todo aquello con lo que estás conectado se va contigo. Ese bonito recuerdo de la infancia, esa primera sonrisa que te dio la chica que tanto te gustaba en el colegio, esa emoción al abrir tu regalo de cumpleaños favorito; todos esos eventos y muchos otros más nos mantienen conectados, se quedan con nosotros y nos alimentan cada vez que los recordamos.
En estos momentos, donde la única manera en que creemos que podemos mantenernos conectados es a través de la tecnología, utilicemos la memoria, traigamos a nuestra mente todos esos recuerdos que nos alimentan el alma, así nos mantenemos conectados con nuestra verdadera esencia, con lo que realmente nos complementa, con lo que aún nos roba un montón de sonrisas; esa es la mejor conexión inalámbrica que podemos tener. Es esa conexión con todo aquello que alguna vez nos hizo felices y que hoy, al conectarnos con ello nos vuelve a hacer felices.
Mantente conectado con todos aquellos que en algún momento te hicieron feliz, que te hacen feliz, así no les puedas abrazar, mantente conectado; así no les puedas llamar, mantente conectado; así los abuelos no sepan usar internet; mantente conectado. La banda ancha alimenta nuestros sentidos, el hilo divino que nos une a todos cuando nos recordamos nos alimenta el corazón. Mantente en sintonía con todo aquello que te hace feliz. Mantente conectado.
“La soledad es una prueba de que su búsqueda innata para la conexión está intacta”.
Martha Beck