
A veces, inconscientemente, creemos no merecer lo maravilloso que hay en las situaciones que nos pasan, por lo que tendemos a sabotearnos procrastinando, poniendo excusas, no acabando lo que comenzamos, etc… y la lista puede ir en aumento; son solo algunos de los nombres que le ponemos a esas diferentes maneras que tenemos de sabotearnos el éxito, en otras palabras, el “miedo al éxito”.
¿No les ha pasado que han deseado tanto algo y cuando finalmente lo tienen no saben qué hacer con ello?
Es como ese regalo que querías tanto de pequeño que cuando por fin lo tuviste no jugaste con él, o jugaste muy poco por miedo a que se rompiera. No dejabas que nadie lo tocara, que nadie jugara, tu felicidad se reducía a contemplarlo. Sí, te autosaboteaste la felicidad.
¿No han visto en las redes sociales ese meme donde el chico más inseguro de la clase le pregunta a la chica más popular si quería salir con él? Y cuando ella le dice que sí, y le pregunta a dónde irán, él responde: no lo sé, no pensé que llegaría tan lejos. Se está autosaboteando. Son claros indicios del miedo al éxito.
En estos días escuché: “tenemos que enfocarnos en el resultado y no en el camino”. Esta es una buena herramienta para visualizar el éxito y reconocerlo apenas nos toque la puerta.
Este entrenamiento de visualización es tan importante como el entrenamiento físico para los atletas profesionales y de alto rendimiento. Visualizan la ejecución pero se enfocan en el final exitoso. Esto les genera tanta confianza que durante la carrera el miedo desaparece y es sustituido por ese sentimiento ganador que entrenaron con anterioridad.
Así es la vida, cuando le pides algo al universo con todas las fuerzas de tu corazón, imagínate que ya lo tienes en las manos, que ya lo disfrutas, repasa ese sentimiento de alegría que te invade al alcanzarlo. Créete que SÍ lo mereces, no es cuestión de suerte. Es tuyo, es lo que deseaste, es lo que te mereces.
La cultura popular dice: “A quien Dios se lo da, San Pedro se lo bendice” y eso aplica para todo. Pide con certeza de que recibirás, visualízalo, no esperes a que llegue el éxito para después planificar qué hacer con él. Siéntelo, vívelo, créetelo; y eso aplica tanto para los bienes materiales, anhelos profesionales como relaciones personales.
Entrena tanto tu mente como tu corazón para el éxito, y una vez lo alcances, aunque tu consciente no quepa de la emoción y no sepa qué hacer, tu subconsciente sabrá que es solo una consecuencia de todo el trabajo y esfuerzo que pusiste en lograrlo.
“Tanto si crees que puedes, como si crees que no, estás en lo cierto”.
Henry Ford.