
Cuando somos chicos nuestro cerebro que viene ávido de conocimiento comienza a llenarse con toda esa información que necesitaremos para la vida. Esta información viene precondicionada por las enseñanzas recibidas por nuestros padres pero por sobre todo, por los patrones que nos marca la sociedad en la que vivimos.
Muchos de nosotros siendo aún niños aceptamos esta información como inamovible, algo que estará en nosotros para siempre, pero cuando empezamos a tener la capacidad de discernir, en ese preciso momento, ya dejó de ser algo inmutable y se transformó en una decisión.
Las culturas, las sociedades nos muestran realidades según sus reglas y restricciones. En muchos países aún sigue siendo un delito ser diferente, tener un color diferente, tener facciones diferentes, amar de una manera diferente… Te convierten en una “oveja negra” por romper el patrón que unos pocos dictaron y muchos siguieron.
Sal del armario de los prejuicios. Si ves que todos los condicionamientos que te ha puesto la sociedad anulan tu verdadero yo, sal del armario. Ser diferente está bien, pensar distinto está bien, bailar mientras cruzas la calle está bien, amar de manera distinta está bien, ser una persona auténtica y espontánea está bien, ser tú está bien.
Sé amable contigo, quiérete, ámate; eso sí, sin olvidarte de amar y respetar a los demás. Sal del armario y deja salir a tu verdadero yo, ese que ríe, que baila, que canta, que se divierte, ese que es feliz. Quizás no lo veas ahora, pero estás siendo un buen ejemplo para aquellos que tienen tantas ganas como tú de salir del armario de los prejuicios pero aún están un poco dubitativos por miedo al qué dirán.
Eres único, eres especial, sal del armario de los prejuicios y muéstrale al mundo todo tu potencial para amar. Estoy segura de que te lo agradecerás.
“Cualquiera que haya destruido un prejuicio, un solo prejuicio, es un bienhechor de la humanidad.”
Nicolas Chamfort