
En 1999 en el deslave del estado Vargas tuve la oportunidad de conocer a una chica de una zona relativamente favorecida económicamente, sobreviviente de la tragedia. Fue sacada del área de peligro en helicóptero y llegó envuelta en lodo al centro de ayuda. Una vez allí me contó su historia. Ella estaba viva gracias a su yo del pasado. Yo intrigada le pregunté a qué se refería. Me relató que aunque su familia tenía solvencia económica y vivían muy bien, sus padres siempre le enseñaron a tratar a todos por igual, con el mismo respeto, educación y compasión. Ellos trataban de ayudar a todo el que pudieran. Pero había un chico que vivía en una zona bastante desfavorecida que pasaba por su casa una vez a la semana pidiendo comida. Ellos le ayudaban pero siempre haciéndole saber que lo que se recibe sin esfuerzo no se valora, así que le asignaban alguna tarea en casa que pudiera realizar en corto tiempo y se pudiera sentir satisfecho y orgulloso con lo que había hecho. Así fue que empezaron a entablar una bonita amistad.
La trágica noche del 15 de diciembre, después de tres días sin parar de llover, Gerardo, el chico en cuestión, que ya tenía una amistad bastante consolidada con su familia, vio desde la lejanía cómo la montaña iba cediendo y las posibles consecuencias que tendría para aquella familia que siempre le había ayudado. Sin pensarlo, Gerardo salió de su casa arriesgando su vida, su misión era avisarles que se encontraban en peligro inminente y que solo tenían segundos para decidir si querían salir vivos. Ellos hicieron caso a Gerardo, salieron de casa y corrieron a un lugar más elevado y un par de minutos después, su casa, el esfuerzo de tantos años de trabajo, desaparecía bajo el lodo, y si no hubiese sido por Gerardo ellos también, y esta historia no existiría.
La amiga de Gerardo es una prueba fehaciente de alguien que le preparó el camino a su yo del futuro.
Pero, ¿cómo le preparo el camino a mi yo del futuro? Acumulando bondad, todo lo que haces hoy lo estás poniendo en la cuenta de ahorro de bondad de tu yo del futuro. Todo lo que haces hoy lo recibirás más tarde o más temprano en el futuro. Tú decides qué acumular. ¿Realizas actos de bondad desinteresados? Tu yo del futuro los disfrutará. ¿Ayudas al prójimo? Tu yo del futuro será ayudado. ¿Escuchas? Serás escuchado. Somos lo que creamos, somos lo que dejamos en los demás. Prepárate hoy para tu yo del mañana, te lo agradecerá.
“Su mayor encanto no era su presente, sino la previsión del desenlace”.
Julio Cortázar