Ad Intra · Celia Coe

La paciencia vs. la fuerza

Desarrollo Personal

Una torre de piedras en equilibrio junto al mar.

La mayoría de nosotros hemos tratado de ponernos un pantalón después de haber ganado unos kilitos de más, y aunque lo sentimos ajustado intentamos ponérnoslo así sea forzándolo.

Igualmente con un par de zapatos, que son los más hermosos que hemos visto y que van con aquel vestido que tanto nos gusta, o son apropiados para aquella salida tan importante. Nos los ponemos así sea forzándolos y cuando estamos de vuelta los pies nos están matando.

Lo mismo sucede con las personas. Cuando conoces a alguien y hay algo que te incomoda que aún no sabes qué, pero decides estar con ella por tus amigos, por su posición económica, por el qué dirán, estás forzando esa relación. Más tarde o más temprano te sacarán rozaduras como con aquellos zapatos que te pusiste solo porque se veían bien y no porque te sentaban bien.

Cuando estás en una discusión con un amigo o un compañero de trabajo que piensa distinto e intentas imponer tus ideas solo por tener la razón, también lo estás forzando. Estás tratando de encajar tu idea a la fuerza en una mente que aún no está preparada para ser moldeada.

Con el pantalón que sientes ajustado, forzándolo no mejorarás la situación, con un poco de paciencia, ajustando tu dieta y mejorando tus hábitos alimenticios sí. No colocándotelo a la fuerza y pasando el día entero sin poder respirar apropiadamente.

Una talla más en el par de zapatos no le quitará su esplendor, la belleza está en los ojos de quien la contempla.

Con las personas sucede igual, escuchándolos y escuchándote te darás cuenta de que no son capaces de ver tu perspectiva, aún no están preparados, no saben lo que tú sabes, no han pasado por lo que tú has pasado y aunque tengan el mismo nivel académico que tú, ellos no han aprendido lo que tú has aprendido. Su mente aún no está lista, está cerrada y forzándola solo encontrarás resistencia. Es como que si trataras de recoger los frutos de un árbol antes de que estos estén listos. Todo tiene su proceso.

Las cosas o situaciones que se fuerzan no crean cambios positivos permanentes, solo crean una satisfacción temporal de haberte salido con la tuya y alimentan tu ego. Las consecuencias estarán a la vuelta de la esquina para que saborees la amargura de haber cosechado el fruto a destiempo.

Si quieres crear cambios positivos permanentes en una situación, escucha, sonríe, opina, vuelve a sonreír, respira y espera unos instantes, ¿no hay receptores? Te retiras. Ten paciencia, ellos volverán a ti cuando estén listos. Pronto les llegará su tiempo de ver lo que tú ves, el ciclo se repetirá, y les tocará a ellos aprender a dejar de forzar.

“La paciencia tiene más poder que la fuerza”

Plutarco