Ad Intra · Celia Coe

Cuando tu libre albedrío deja de ser tuyo, ya no es libre

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Una fila de puertas, con una puerta amarilla iluminada entre las demás.

¿Qué es el libre albedrío? Es la capacidad que cada uno de nosotros tenemos para tomar decisiones. Así de simple. Pero, ¿qué pasa cuando nuestro libre albedrío es influenciado por alguien más? Ya deja de ser libre porque está condicionado por los deseos del otro. Ya dejó de ser nuestra decisión, ahora es la decisión de otro en nosotros. Éstos, de una u otra manera, logran que nosotros hagamos lo que ellos desean por el afán de controlar y de tener siempre la razón; y nosotros muchas veces sin darnos cuenta, accedemos a sus designios para evitar cualquier tipo de conflicto.

Esos manipuladores de oficio que viven con el terror en las venas de que las situaciones se salgan de su control muchas veces meten en nosotros ideas contrarias a nuestros principios y permitimos que, en cierto grado, tomen el control de nuestras vidas por temor de que se enojen o les hagamos sentir mal.

Pero, ¿quién mejor que nosotros sabe lo que nos conviene? Les voy a poner un ejemplo. Hace algún tiempo la “amiga de una amiga” salió con un chico bastante amable, atento, diligente y cariñoso; obviamente era muy cortés con ella, pero aunque hablaban mucho y muy seguido algo muy dentro de ella a pesar de las insistencias de él no la dejaba dar un paso más allá de una simple amistad. Así se mantuvo la relación por un poco menos de 6 meses. Pero muy temprano en esa relación de “amistad”, fueron a un restaurante y ella se encontró con una amiga que hacía mucho tiempo que no veía. Charlaron un rato, intercambiaron teléfonos y ahí quedó la cosa.

Un par de meses después, su relación con este chico estaba en el mismo sitio porque algo muy dentro de ella no le permitía ir más allá, recibe una llamada de esta amiga en cuestión invitándola a tomarse un café juntas. Acepta la invitación. Esta amiga había planificado este encuentro para recriminarle que el “amigo en común” que tenían, mientras mantenía una relación con ella que comenzó cuando él pilló su número en el restaurante, la había engañado con su vecina. Vale la pena destacar que cuando sucedió lo del café el chico seguía insistiendo en tener una relación amorosa con mi amiga. Ustedes dirán: ¿a dónde voy con todo esto? ¿Qué habría pasado si ella le hubiese hecho caso omiso a su intuición cuando le decía que había algo en él que no le gustaba pero aún no sabía lo que era? ¿Qué pasaría si hubiese accedido a los designios y hubiese anulado su voluntad para hacer lo que él quería? Estuviese involucrada en un cuarteto amoroso muy poco recomendado para cualquiera de nosotros.

Hagámosle más caso a nuestra intuición, escuchemos en los silencios lo que nos quiere decir. La mayoría de las veces nos apartará de peligros, de conflictos, de cualquier situación incómoda que esté a punto de suceder. Tomemos decisiones guiados por ella, seguramente, ella sabe mejor lo que es conveniente para nosotros que aquellos externos que nos atropellan, nos anulan, nos subestiman y mellan nuestra voluntad para alimentar su ego y hacernos parte del séquito que tienen en su afán de controlar.

Acceder a los designios de alguien, cuando algo muy dentro te dice que no, es anular tu voluntad.

“El hombre tiende a ocultar su propio libre albedrío detrás de su supuesta flaqueza de voluntad.”

Viktor Emil Frankl