
Creo en los ángeles terrenales, esos que te alegran el día, esos que te sacan una sonrisa. De los que te dicen justo lo que necesitas escuchar, no lo que quieres escuchar, de los que te entienden así no hablen el mismo idioma, de los que no saben pedir, solo dar. Creo en esos ángeles con alas invisibles, con un aura que ves brillar a leguas y que, al mirarles, te alegran la vida. Algunos están disfrazados de niños, otros de maestros, otros de vecinos, otros de panaderos, otros de médicos, otros de técnicos que te reparan la nevera, otros de músicos, otros de enfermeros, … muchos de mascotas y todos, absolutamente todos, tienen esa conexión divina para alegrarte la vida.
Creo en ese ángel llamado mamá, en ese llamado papá, en ese llamado hermano, en ese llamado vecino, en ese llamado amigo… Pero sobre todas las cosas creo en ese ángel que aún no conocemos, el que te cede el paso cuando estás muy apurado en el tráfico, en ese ángel que te sostiene la puerta, en ese ángel que te ayuda a cargar las bolsas del mercado, en ese ángel que te dice que puedes dar un paso más, en ese ángel que te tiende la mano cuando estabas a punto de caer de rodillas de tanto andar.
Creamos en los ángeles que encontramos en el camino, recibamos su sabiduría con alegría, los actos que hacen por nosotros son actos espontáneos llenos de amor; ellos saben que también están destinados a recibir amor. Sí, así es, el amor se multiplica cuando se da, estos ángeles saben que estos milagros diarios no solo alegran tu vida, estos milagros diarios también alegran la vida de todos aquellos que viven contigo o vienen después de ti, porque estos, a quienes les han salvado el día, serán capaces de dar un poquito de ese amor que acaban de recibir.
Seamos ángeles, seamos lo que estamos destinados a ser, reconozcamos a ese ángel que también habita en nosotros, dejemos huella en el corazón del otro. La felicidad se mide por los momentos en los que nos olvidamos de nosotros y nos volvemos uno con el otro.
“En esta tierra hay ángeles a nuestro alrededor… bajo disfraces sutiles.”
Lance Armstrong