
La solidaridad proviene de la palabra “sólido”, que se refiere a la cohesión entre las moléculas, que mantienen una forma constante. Eso somos, parte de un todo, y para comportarnos como un sólido debemos adherirnos, mostrar respeto y empatía por los demás, mostrar solidaridad.
Cuando somos solidarios, estimulamos en nosotros esas ganas de ser parte de un colectivo consciente de que la necesidad del otro, aunque no nos afecte directamente, es la nuestra. Cuando somos solidarios, estamos plantando la semilla que cosecharemos en el futuro en caso de necesitar sus frutos. Cuando somos solidarios, estamos siendo maestros de vida, ejemplos a seguir, nos convertimos en líderes de todo el que nos mira. Cuando somos solidarios, no solo nos cohesionamos con el que más lo necesita, también lo hacemos con nosotros mismos y con quienes creen no necesitarlo; estos últimos se ven reflejados en nuestro espejo y despertamos en ellos esa necesidad de formar parte de ese colectivo que cada día se hace más sólido, que crece y se fortalece. Nuestra solidaridad sirve de guía para todos aquellos que vienen detrás de nosotros, que están aprendiendo que mientras más sólida es nuestra adhesión más fuertes nos hacemos, que mientras más fuertes nos hacemos más crecemos como colectivo, y mientras más crecemos como colectivo la probabilidad de que nos cercenen disminuye significativamente.
Practiquemos la solidaridad, identifiquemos en qué podemos ayudar a los menos favorecidos, hagámoslo. Recordemos que todo es relativo, para nosotros, ellos son los menos favorecidos, para otros, nosotros somos los menos favorecidos. Practicando la solidaridad nos convertimos en un ente sólido e invencible que todo lo puede lograr.
“Cuando el YO se reemplaza por el NOSOTROS, incluso la enfermedad se convierte en bienestar”.
Malcolm X