
La mayoría de nosotros cuando estábamos chicos y mamá o papá nos pedían ordenar nuestra habitación lo veíamos como un castigo. Para nosotros era una pérdida de tiempo, en nuestro micromundo esto era un desperdicio de tiempo que ocupaba espacio innecesario en nuestra agenda de diversión. Lamentablemente, a muy pocos de nosotros nos enseñaron que por ejemplo hacer tareas simples pero con responsabilidad también nos trae felicidad.
Aquí les dejo un pequeño ejemplo de ello. En casa, como en cualquier otra casa, después de lavar y secar la ropa debemos doblarla. La tarea de doblar la ropa es una actividad considerada por muchos muy simple pero bastante tediosa. Para solapar el desgano que esta tarea generaba yo le proponía a mi sobrina la siguiente técnica: recogíamos la ropa juntas, la llevábamos a la cama que era nuestro campo de batalla ya predefinido, y una vez en la cama cada una se iba a su esquina donde estaba la zona de resguardo, desde allí y en cuestión de segundos comenzaba la cuenta regresiva 3, 2, 1… de la Batalla de las Ropas Voladoras. Una vez iniciada la batalla volaban calcetines, pantalones, camisetas, una que otra almohada… y después de 30 segundos nos tocaba doblar toda la ropa que quedara en nuestra zona de resguardo. Por supuesto, la batalla se prolongaba unos cuantos rounds más. Al final terminábamos las dos doblando la ropa entre muchas risas y diversión, y mucho más rápido que si lo hubiésemos intentado hacer de la manera tradicional.
A las tareas tediosas, hay que buscarles - decir el lado positivo es muy trillado - yo diría la diversión. Si eres capaz de divertirte mientras trabajas en lo que no te gusta - no todos tenemos la fortuna de trabajar en lo que nos gusta -, habrás encontrado uno de los secretos de la felicidad, y de esta manera, te entrenarás para cuando te toque trabajar en lo que sí te gusta.
Divertirse mientras se trabaja no es señal de trabajo incompleto, es señal de que se disfruta al máximo lo que se está haciendo.
Laboralmente esto es una condición generalmente vetada por la mayoría de las empresas. Para muchos, es señal de falta de compromiso y profesionalismo. Qué pena por ellos que no tuvieron en su niñez risas generadas por calcetines voladores o a alguien que les enseñara a disfrutar lo que hacen y ser felices mientras lo hacen; esos que se creen muy “profesionales y comprometidos” posponen la verdadera felicidad para después, creyendo estar completamente seguros de que sí habrá un después.
La felicidad es simple, es una decisión. Es elegir sacarle partido a todo lo que tenemos hoy, a todo lo que somos hoy, a todo lo que hacemos hoy. La felicidad es disfrutar cada instante, cada respiro, cada suspiro. Y si aún no estás seguro de que algo tan simple te da felicidad, te invito a permanecer unos cuantos segundos bajo el agua, y cuando sientas que no puedes contener más la respiración vuelve a la superficie. Esa primera bocanada de aire que darás te hará recordar que el ingrediente principal para la receta de la felicidad es algo tan simple que siempre has dado por sentado: poder respirar.
“Si te has despertado respirando, ¡felicidades! Tienes ante ti una nueva oportunidad.”
Andrea Boydston